La Hoguera!!!


El cardenal y la delincuencia

Publicado en General por Sócrates Mercedes en Febrero 29, 2008

Nuestro bien amado y cristianísimo cardenal López Rodríguez, el flamante arzobispo metropolitano de Santo Domingo, pidió mano dura, más dura, “sin contemplaciones piadosas”, a la durísima mano de la Policía Nacional en su lucha contra la delincuencia a la cual, sin embargo, está articulada orgánicamente.

De esta suerte, la petición del cardenal podría malinterpretarse, confundirse malignamente con una exhortación al harakiri colectivo de innumerables miembros de esa gloriosa institución.

Pero no. De ninguna manera no y no. El cardenal tiene sus delincuentes favoritos y entre ellos no figuran ex oficiales y oficiales activos de esa policía que en época reciente circulaban olímpicamente por nuestras calles en vehículos de lujo robados por comisión o encargo a sus legítimos dueños.

Los delincuentes no son los ladrones de cuello blanco que han hundido el país en la miseria y construyen para la multimillonaria iglesia católica una basílica de cuatrocientos millones de pesos en un pueblo miserable, carente de servicios hospitalarios y educación, y para él, en otra época, un palacio de cuatro pisos con elevador y lujos orientales.

Los delincuentes, para el amadísimo cardenal que aquí disfruta de rango de general y escolta -aparte del régimen palaciego a expensas del estado-, parodiando la famosa expresión de Sartre, “son los otros”, “El infierno son los otros”.

Los delincuentes, para nuestro bien amado cardenal, son solamente los vulgares atracadores y ladrones que ciertamente nos tienen en jaque, en jaque mate, y han convertido el país en una especie de Colombia en miniatura, después que políticos y banqueros redujeran el país a la indigencia extrema.

Para los delincuentes vulgares y solamente para ellos pide el cardenal la mano dura, ejecuciones sumarias que han costado la vida a tanta gente inocente, incluyendo a una bella muchacha que se besaba sospechosamente  con el novio en un automóvil y a un cura católico que se durmió en su carro esperando que le abrieran la puerta de una iglesia y nunca despertó porque lo acribilló para siempre la policía a balazos.

Para los vulgares delincuentes pide el glorioso cardenal a la policía la dura mano, la sentencia de muerte, “sin contemplaciones piadosas”, que no existe en nuestras leyes. Cosa que habla muy mal de su devoción a su tocayo Jesús.

Aparentemente, en la lucha contra la delincuencia, para el cardenal no hay inocentes y si los hay no importa.

Al estilo del gran inquisidor Torquemada, cuando se le preguntó cómo distinguía entre cristianos y herejes a la hora de cocinarlos en la hoguera, diría: “Matadlos a todos, ya Dios se encargará de escoger a los suyos”.

pcs,martes, 19 de febrero de 2008. Clave Digital

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